Tuesday, September 9, 2008

The Hand project XVII: Start again. Part 2

Estos son los relatos en las manos de Richie. Gracias por vuestros comentarios y mails.

Here you have the stories on Richie's hands. Thanks for your comments and mails.



El oso
Le miré y ví un a un extraño con sus manos en el volante, luciendo un reloj nuevo orgulloso en su muñeca derecha. Nunca llevo reloj, pensé y sonreí. Él creyó que yo le reconocía el estatus que le daba la marca. Yo sonreía porque me ví liberado del todo y pensé en la montaña que aparecía tras su cabeza, a través de la ventanilla y me pregunté si algún día llegaría a subirla. Supe que no, pero aún así continué con aquella sonrisa en la cara, escuchando las bocinas de los coches resonando en un cruce cercano donde el semáforo hacía semanas que no funcionaba. Y recordé la piscina en la que solía bañarme en verano, cuando las cosas iban bien. Y recordé las sonrisas fulgurantes y las noches de calor y de viento. Muchos recuerdos hacía tiempo que tan sólo eran un puñado de fotos metidas en un álbum. Quieto en la estantería. Aquel tipo venía a salvarme con su reloj y yo supe que no serviría de nada en cuanto subí a su coche y él quiso congraciarse conmigo con unos cuantos chistes manidos y su relato del concierto de Lenny Kravitz de la semana anterior. Yo sonreía y me reconfortaba saber que nuestras galaxias estaban separadas por millones de agujeros negros inactivos. Aún sentados en un mismo coche jamás nos encontraríamos. Y aunque conocía todas las palabras que pronunciaba, no comprendí su significado. Por un instante me intranquilicé ante mi ignorancia, pero abrí mi ventana justo una rendija y el aire me devolvió la sonrisa. Ante su estupor saqué la cabeza y atrapé sobre mi piel los rayos del sol y tarareé una canción de Bonnie Prince Billy. Supe que estaba vivo.



The bear
I looked at him and I only saw a stranger with his hands on the steering wheel, sporting proudly a new watch on his right wrist. I never wear watches, I thought, as I smiled. He thought I was acknowledging the estatus that brand was suppossed to give him. I was smiling because I felt released completely and only thought about the mountain showing up behind his head through the window and I wondered if someday I'd climb it. I knew I wouldn't, but even so I still kept the smile on my face, listening to some car horns resonating at a road-crossing nearby where the traffic lights had stopped working weeks ago.
And I remembered then the swimming pool I used to swim in during summer, when things were fine. And I remembered the flashing smiles and the nights of heat and wind. For a time now, many of these memories were only a handful of photos stuck on an album. Sitting quietly on the bookcase. That guy had come to save me with his expensive watch and I knew that it was going to be useless as soon as I got into the car and he tried to ingratiate with me with a few rotten jokes and his Lenny Kravitz concert report from the previous week. I smiled and it was comforting to think that our galaxies were separated by million of inactive black holes. Still seated in the same car we would never meet. And although I knew all the words he pronounced, I didn't understand their meaning. For a moment I felt uneasy and aware of my possible ignorance, but I rolled down my window a crack and the air gave me back my smile. Before his stupor I put out my head and catched some sunrays on my skin as I hummed a Bonnie Prince Billy song. Then I knew I was alive.



El lobo
El teléfono le despertó con unos timbrazos espantosos. Intentó alcanzarlo con la mano, pero en la penumbra no lo localizó. Abrió algo más los ojos, lo suficiente como para ver el teléfono en el suelo a unos centímetros de los pantalones y la camiseta que se había puesto la noche anterior. Demasiado tarde. Ya habían colgado. Ni se molestó en mirar en la pantalla los detalles de la llamada. Resopló al volver a la cama y apoyó la cabeza en la almohada. Pensó en que quizá había llegado el momento de ampliar su mobiliario. Desechó la idea, al fin y al cabo, los únicos que venían a verle eran amigos en una situación similar y ya se sabe, a los hombres poco les importa la decoración, el color de las paredes o que las cosas estén ordenadas. Él vivía encantado en su desorden, con su esquina caótica homologada, llena de libros, compactos, revistas y el ordenador encendido a todas horas. Volvió a sonar el móvil y en esta ocasión llegó hasta su mano sin esfuerzo. Su hermana era lo suficientemente persistente, tenía que haberlo imaginado. Bueno, se consoló, sino no habría parado de llamarle en toda la mañana. Seguirle la conversación se convirtió en un juego. Se sabía el guión y lo respetó a la perfección. Luego pudo volver a meterse en la cama, pero era demasiado tarde. Decidió en ese momento pasar un domingo ejemplar. Hizo como que ordenaba, se duchó, se vistió, consideró la posibilidad de afeitarse, pero la descartó. Con aire en los pulmones y sin tabaco en los bolsillos se dirigió hacia la playa. Todavía no había nadie y el panorama ante él era espectacular. Oyó una moto a lo lejos.


The wolf
The telephone woke him up with its frightful ringing. He tried to reach it with his hand, but he didn't find it in the shadows. He opened his eyes a little wider, enough as to see the telephone on the floor just a few centimeters away from the trousers and the t-shirt he had wore the night before. It was too late. They had already hung. He didn't even bothered to check the call details on the screen. He puffed as he got back into his bed and layed his head on the pillow. He thought that maybe it was about time to buy some new pieces of furrniture. He rejected the idea, after all, the only people that came to visit him were friends in a similar situation and as everybody knows, men didn't mind decoration, the wall color or the untidiness. He enjoyed his mess, his accredited chaotic corner, full of books, cds, magazines and the computer on at all hours. The cell phone rang again and this time he picked it up effortlessly. His siter was persistent enough, he must have guessed. Well, he told himself, If he hadn't answered she wouldn't have stopped calling him. Following the conversation became a game. He knew the script and respected it perfectly. Soon he could return to his bed, but it was already too late. He decided to have a proper Sunday. He pretended to tidy up a bit, took a shower, got dressed, considered the possibility of shaving and finally refused. With air in his lungs and without cigarettes in his pockets he walked towards the beach. There was almost nobody in sight yet and the view before him was spectacular. He heard a motorcycle in the distance.



Today's music:
Bonnie Prince Billy

8 comments:

Aran said...

esti, me dejas sin palabras...

.girl ferment. said...

so beautiful esti!

the artwork on the cd cover you asked about is by Genevieve Castree. she is also the musician.
xx

Jorge said...

Molan...

anne said...

thanks. I like both stories, especially the first one, but why the titles?

Anonymous said...

me gustan mucho las dos historias, pero además me encanta que las hayas encajado tan bien en las manos con los dibujos. Sigues sorprendiéndome cada día

Esti said...

anne, it's such a long story...

Rina said...

Esti, esto es hermoso, en algun momento te conté que el proyecto de las manos tenía algo especial, porque las manos son tan importantes, cuentan cosas, nos hablan. Me encanta acordarme de las manos de mi abuela Mercedes, las tengo tan presentes...sus manos contaban su vida, es muy emocionante.

♥ Tiny Red said...

estoy de acordo con Rina. es un proyecto muy especial :)